"MIS HUELLAS"

Cada paso de mi vida fue guiado por la providencia divina. Desde las serranías cordobesas hasta las calles donde serví a los más necesitados, mi camino estuvo marcado por el deseo constante de responder con amor a la voluntad del Señor. Te invito a recorrer los momentos clave que modelaron mi fe y mi misión.

Raíces y entorno familiar.
15 de agosto de 1821

Nací en la estancia de San Roque (actual Villa Carlos Paz, Córdoba). En el seno de una familia numerosa y de profunda fe cristiana, aprendí las primeras lecciones de piedad, generosidad y cuidado hacia los más necesitados.

Acompañamiento a la familia y vida laica.
1850 – 1870

Tras el fallecimiento de mis padres, asumí el cuidado y la educación de mis hermanos. Durante estas décadas, mi servicio se encauzó en la Tercera Orden Franciscana (hoy Orden Franciscana Seglar), dedicándome a la visita de enfermos y a la asistencia de las familias más vulnerables de la comunidad.

Búsqueda vocacional y monasterios.
1871 – 1874

Buscando consagrar totalmente mi vida a Dios, ingresé al Monasterio de las Carmelitas Descalzas en Buenos Aires. A causa de problemas de salud, debí retirarme. Más tarde, intenté la vida contemplativa con las Hermanas de la Visitación en Montevideo, pero la Providencia me mostró que mi misión no estaba en la clausura, sino en el servicio activo en el mundo.

Nacimiento de la Congregación.
8 de diciembre de 1878

Junto a un pequeño grupo de compañeras e impulsada por el espíritu franciscano, fundé en la ciudad de Córdoba la congregación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, la primera orden de vida consagrada nacida en la Argentina.

Expansión educativa y caritativa.
1879 – 1885

A pesar de las dificultades económicas y de salud, abrimos escuelas gratuitas para niñas de escasos recursos, talleres de oficio y hogares de acogida, consolidando una red de caridad que devolvió la dignidad a cientos de familias.

Paso a la Casa del Padre.
25 de agosto de 1885

Fallecí en la ciudad de Córdoba a los 64 años, dejando un legado vivo de fe, trabajo comunitario y un testimonio de amor incondicional a Jesús Sacramentado que perdura hasta el día de hoy.

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